11 abr. 2013

curso de fotografia familiar


Tengo que reconocer que escribir una crónica de la experiencia se me está resistiendo:

Primero, porque después de la que escribió Bea, de conbotasdeagua, y sobre todo, después de ver sus fotografías y compararlas con las mías, no hay color. Imposible llegar a su nivel de poesía.
Segundo, porque, como le pasó a Sarah, de mammaproof, después de tres días disparando en modo manual y experimentando con ISO, diafragma, velocidad, obertura… ninguna foto merece pasar la censura de calidad.
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Ninguna recoge la magia del lugar.  Sepúlveda y las hoces del Duraton, todo un acierto, pese a la lluvia. ¡Qué habilidad tiene Álvaro para escoger localizaciones para sus cursos! Tampoco captan  la esencia de las personas con las que compartiste experiencia, que te dejan huella aunque apenas hayas podido compartir con ellas unas horas de conversación.
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Si tuviera que añadir un adjetivo a los miles que se le atribuyen a Álvaro en las cientos de descripciones que encontrareis por Internet, seria VALIENTE. Hay que serlo para juntar 7-8 familias que no se conocen, con niños de media de 3 años, a convivir 3 días bajo el mismo techo y conseguir que se sientan tan a gusto como en su propia casa. Eso, por si sólo ya es un “curso familiar”. La palabra “fotografía” casi es sólo una excusa para que nos atreviéramos a meternos en ese berenjenal.
Evidentemente, fue imposible seguir algo parecido a un horario y las pocas veces que conseguíamos reunirnos (al menos 1 representante por familia) entorno al portátil de Álvaro eran constantes las interrupciones: “Mamá, pipi!” o “¿puedo comer otro sándwich de nutella?” interrumpían explicaciones sobre grandes fotógrafos o sobre la “golden hour”.
Aún así,  Álavaro no deja nunca de enseñar, aprendimos mucho más que fotografía, se habló de redes sociales, propiedad intelectual, gestión de archivos… y también de pañales, chupetes, papillas, escuela…
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Pero los auténticos protagonistas y profesores del curso son los niños. Crean entre ellos unos vínculos maravillosos y nos dan lecciones valiosísimas de convivencia,  complicidad, sinceridad, sencillez… si detienes el reloj y te fijas, ellos sí que nos enseñan a mirar la realidad de una manera diferente…  sólo queda tener la cámara a punto para “agarrar” el instante.

* soy una pésima alumna: como 300 fotos y yo escojo tres, oscuras y poco enfocadas y además en formato vertical: voy a perder los pocos seguidores del blog que me quedan! Creo que voy a tener que repetir curso ;-P

1 comentario:

  1. Gracias por tus palabras!
    ya os lo dije en algún momento... al curso no se viene a hacer grandes fotos, se viene a aprender y compartir y plantar una semillita, y no dudo que tú lo has hecho.
    Bea es mucha Bea... cada uno de nosotros tenemos que hacer lo que sabemos como mejor podemos. Pero confieso, después de ver su post ni yo he escrito uno!
    un abrazo. nos volveremos a ver, no?

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