monogamia tejeril

Empecé el año con mal pie. Me revolví de mala conciencia en enero, porque acabé el año con el próposito de hacer balance del año en lo que a lecturas y proyectos se refiere, y el primer mes del año se me pasó sin darme cuenta. Hasta que Mar dio con la palabra exacta que definía lo que mi karma perdía y yo me empeñaba en no darle: hibernación. Mi cuerpo me pedía ir más lenta, un tiempo de introspección y soledad y reserva de energía y aceptar que tampoco pasa nada si desaparecemos de la vida social y buscamos cobijo un tiempo.


Si hay algo que me funcionó el año 2018, es evitar la "castonitis", el "culoveoculoquiero" y apuntarse a todo KAL, tejejuntas, testknit, etc. Un solo proyecto en las agujas y no empezar otro hasta que el anterior esté acabado.


Y claro que eso significa ir más lenta y tener la sensación de ser menos productiva. Sobretodo si además, empiezas a ver podcast tejeriles de gente que llevan 3 o 4 proyectos a la vez y parece tener tiempo para todo. Pues no. Al final del año cuando casi has acabado con todas las lanas que tienes por casa y no tienes bolsas y bolsas de proyectos a medias, compensa y mucho. Y si haces recuento, -que yo no he hecho por pura pereza = hibernación- al final has tejido tanto o más que en los años anteriores.


Y así estoy. En enero tejí un jersey, que merece un post a parte, aunque llegue en primavera; y en febrero estoy tejiendo otro. Y entre uno y otro, me permití el lujo de crochetear un pequeño conejo. Así que me sacudo la mala conciencia por quedarme más en casa, por compartir menos en las redes o por haber sido menos social este mes y afronto febrero sabiendo que es corto y que aún no he salido de mi hivernación. No prometo volver pronto. Necesito sol y energía para salir de debajo de la manta.

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