el retorno

Cuando Mar ya ha explicado tan bien que entendemos por comprar #conlógica para el reto de mayo de los #12pequeñoscambios, poco más puedo hacer que repetir aquí más de lo mismo:



Una vez has agotado todas las opciones de la pirámide de necesidades, y aún así no te queda otra que comprar, empieza por aplicar sus Grandes Criterios de Compra:

  • Al desnudo: Sólo lo que necesitas: sobra el envase, el envoltorio, el anuncio o catalogo de papel y hasta, siendo radicales, sobra el tíquet de compra. También sobran los conservantes, aditivos, azúcares, etc. A menos ingredientes, mejor. Aplicable a lo que comemos, a lo que nos ponemos en la piel, a lo que límpia nuestra casa.
  • Local: a más kilometros y más intermediarios, más peso en la "mochila" de lo que compras. Si puedes ser en el mercado local a pie de calle, de temporada y directamente al productor, aún mejor.
  • Ètico: ojalá pudieramos tener la certeza de que nadie sufre o es infravalorado para conseguir que tu tengas esos zapatos, o que nadie se queda sin comer para que tu bebas ese batido de papaya. 

A mi me encanta la papaya. El verano que pasé en Bolivia, todos me regalaban papaya. Casi en cada casa había un árbol en el jardín y ellos, hartos de comerla cada día, no entendían que yo las comiera cómo si nunca más fuera a probarla. Ahora, siempre pienso en lo verdes que deben recolectarlas en Brasil y en el largo viaje en un barco contenedor cruzando el oceáno y en los cultivos que han arrasado allí para plantar masivamente soja para Europa y la dejo en la estantería de la frutería. Cuando la cultiven aquí, la compraré. Mientras, me comeré un melocotón del Ordal y beberé leche de vaca y tendré la conciencia más tranquila.




Cómo bien argumenta Mar, mejorar nuestra lógica a la hora de comprar pasa por informarnos, por leer la letra pequeña de las etiquetas. Como en otras muchas cosas, pasa por volver atrás, por un retorno. ¿Cómo compraban nuestros abuelos? Para empezar, no tenían tantas posibilidades de compra. Nosotros tenemos cualquier producto de cualquier punto del planeta a un click.

En cambio ellos:

  1. Consumían principalmente lo que producían.  Y ni eso, porque normalmente, destinaban lo que producían al segundo punto. En casa de mi abuela en Galicia tenían vacas, y no compraban lácteos. En la de mi abuela de Burgos, en cambio, no producían lácteos y había que comprarlos. 
  2. Intercambio local: Los productos que no producías tú se los "comprabas" al vecino, a cambio de tu vino, tus judías de la huerta, etc. Y por supuesto, le devolvías la caja, la botella o la bolsa con la que te lo había dado en tu siguiente compra. El envase siempre era retornable
  3. Venta de excedentes: Mi madre siempre decía que en su casa, queso, poco. Se hartaba de hacerlos para venderlos en el mercado, pero comerlos, casi nunca.
  4. Compra : Con suerte, si conseguía vender sus quesos, mi abuela volvía con un plátano del mercado. Un plátano! Para siete personas! Todo un lujo. Y cuando sonaba el clàxon de las  furgonetas que traían pescado, carne o pan al pueblo, lo primero que hacía mi abuela era ir a por el cesto o la bolsa o los "cascos" (las botellas vacías), antes incluso de buscar el monedero. El menú de la cena lo escogían ellos, no mi abuela, y dependiendo de la temporada era un pescado o otro. Una fruta diferente o la misma de la semana pasada. 


No estoy proponiendo que volvamos a tener vacas en casa, ni mucho menos. Pero si que pensemos hasta que punto podemos minimizar la huella de nuestro consumo. ¿Por què compramos el atún en envase individual si en casa somos cuatro y siempre abrimos mínimo dos latas? O al contrario, ¿por qué compramos la mayonesa en ese envase tan grande, si no la acabamos y se nos estropea en la nevera? ¿De verdad necesitamos que cada magdalena venga envuelta en su propio envase? ¿Es normal que comamos sushi dos veces al mes y no sepamos cocinar unas patatas a la importancia?
Si aplicamos la lógica en esas pequeñas cosas, acabaremos pensando un poco más en los quilómetros que recorren los productos que vestimos. Lo habitual o excepcionalmente que comemos productos "exóticos" (ramen japonés, papaya brasileña, bambú chino, panga africana...) Si estamos o no dispuestos a pagar más por asegurarnos que el que cosió nuestros zapatos tiene un sueldo digno y un largo etc.



Pero no hace falta apuntar tan alto. Empieza por algo mucho más pequeño, pero igual de efectivo: comprar sin envases, evitar los envases individuales, no pisar el supermercado en una semana, vaciar (del todo) el congelador, retornar el envase de vidrio de la leche, comprar a granel, sacar del armario la yogurtera o probar de amasar tu propio pan o hacer tu propio queso, plantar una lechuga en tu terraza. Son formas de tormar conciencia de la forma tan irracional en la que a veces consumimos y cómo un poco de lógica nos hará simplificar.

Ya he conseguido llevar mis botes a la tienda a granel, y las bolsas de rejilla a la frutería, pero confieso que sigo sin superar la vergüenza de pedir que me pongan el pescado o la carne un mi fiambrera. Soy vergonzosa hasta decir basta. Así que para mi, es un gran reto volver de la compra sin bolsas de plástico ni ningún envase nuevo. Os cuento por Ig si lo consigo.


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